Ética de Trabajo

El MIUAS no es un concepto fijo emanado de alguna escritura sagrada. La sangre de  esta organización corre a través de sus miembros. Cada uno contribuye al carácter de la  misma y por ello creemos que es prioritario mantenerlos a ellos y las relaciones creadas  entre ellos, sanos. Enseguida se verán enumeradas las máximas de convivencia, que hemos  visto que nos funcionan,  para poder trabajar en paz y con productividad. Además de lo  obvio, como la honradez, la puntualidad, etc. Hemos decidido hacer hincapié en las  siguientes:

 

  • Hablar los problemas de frente con ánimo de resolver. De preferencia uno a uno. Un  código norteño que se ha ido perdiendo en los últimos años es el de hablar los problemas de frente. Para hacer esto se requiere de un grado de valentía, honestidad e interés por resolver  la problemática. En el MIUAS hemos tenido crisis y hemos logrado salir adelante debido  al, y no en pequeña medida, simple acto de hablar las inconformidades de frente. Entendamos que esta organización alimenta los lazos de solidaridad ante todo. Todo lo que buscamos es para elevar el nivel de convivencia entre nosotros y nuestra especie.
  • Comprensión y paciencia a los hábitos de uno y otros. Todos estamos aprendiendo y  aunque a veces queramos explotar en injurias hacia alguien o varios, es siempre más  conveniente, hemos visto, hablar desde el origen de las emociones, que son en uno. Evitando lo más posible lanzar acusaciones o injurias.
  • La palabra. El valor de una persona en una comunidad radica en un número de factores y  uno de esos es sin duda la fuerza de su palabra. Aquí las faltas de palabra entre sus  miembros debilitan e inhiben a la agrupación en su evolución a una criatura organizativa  sin precedentes en nuestro Estado.
  • Gallardía. Si habremos de obrar de forma distinta, genuina y constante, nunca lo podremos  hacer sin desarrollar la habilidad de encarar el miedo, darle vuelta, y surgir liberados. El  miedo es una constante en nuestra existencia, lo que no es, es el corazón para encararlo y seguir adelante.
  • Disciplina liberadora. Contrario a lo que muchos pensábamos de más morros, la disciplina  libera. Como se señala en el principio quinto, empuje al arte honesto y ciencia sabia, cuando aprendemos a dominar las emociones superfluas, ganamos espacio para emociones potencialmente más gratificantes. La disciplina no se debe confundir con rutina. La alimentación basada en emociones someras y endebles esclavizan al hombre. La disciplina impulsa la manifestación de los sueños a través de los obstáculos impuestos a lo largo de la vida.
  • Diálogo. Saber hablar y escuchar son caras de la misma moneda, si uno no existe el otro  tampoco. Ejerzamos el análisis y la discusión seria aprendiendo a escuchar críticamente y hablar elocuentemente.
  • No celulares en reuniones. Habrán excepciones en los casos en que sea necesario estar pendientes de los celulares. Los celulares durante las reuniones, hemos visto, distraen la atención y sabotean la producción en las reuniones. Las redes sociales tienen muchos tentáculos y cantan canciones prometiendo sueños ególatras bajo un manto de inocencia.